Cris tenía muy claro lo que quería: una casa que, al cruzar la puerta, te transportara fuera de Madrid. Un espacio de calma y paz, con una atmósfera relajada que recordara a una zona de playa, con ese punto chill out tan especial.
Con esa idea como punto de partida, comenzamos juntas un proyecto de diseño y decoración en el que la redistribución de los espacios fue clave para ganar amplitud, fluidez y luz natural, creando una vivienda más abierta y pensada para disfrutar sin prisas.
Durante la obra descubrimos unas vigas de madera ocultas en el techo, que decidimos recuperar y poner en valor, convirtiéndolas en uno de los elementos protagonistas del proyecto. Su presencia aporta calidez y carácter, reforzando la sensación de refugio y autenticidad.
La elección de tonos claros y cálidos, el revestimiento de cal hidráulica en paredes y un cuidado diseño de iluminación indirecta, que envuelve los espacios y aporta una luz suave y acogedora, nos permitieron crear un ambiente sereno de inspiración mediterránea. El resultado es un hogar con esencia ibicenca, pensado para desconectar y sentirse lejos del ritmo de la ciudad.